Demasiado doméstico para desbancar a Detroit como salón del automóvil de referencia en Estados Unidos, no exhibió apenas novedades mundiales. No obstante, mostró una visión completa de lo que serán los automóviles que actualmente se comercializan en su mercado remodelados de cara al año que viene, con acierto, y alguna que otra primicia de interés.
Un año más la muestra suiza ha demostrado que la industria del automóvil no para ni ante las peores crisis. En esta edición más de 180 novedades, mundiales y europeas, lo demuestran. La tendencia habla de ‘downsizing’ mecánico y de formato, de exclusivos vehículos de lujo, de grandes deportivos y de coches prácticos y cada vez más racionales.
En esta edición no se ha producido una sorpresa apabullante, ni tampoco ha habido un coche que hiciese sombra a las demás. Faltaron muchas marcas, pero las que acudieron lo hicieron con importantes primicias, algunas de gran interés para el mercado europeo. Primó la calidad de lo exhibido sobre la cantidad de novedades.
La edición número 42 de la muestra nipona estrenaba sede, más grande e incómoda que la tradicional de Makuhari Messe, y no la llenó por la ausencia de marcas que habitualmente acudían a Japón. No obstante las marcas domésticas mostraron lo que son capaces de hacer en el ámbito de la electrificación del automóvil y hubo alguna sorpresa europea.
Los fabricantes alemanes hacen cada dos años el agosto en septiembre en su salón doméstico, pero los rivales foráneos les van a la zaga. Eso no significa otra cosa que en esta edición las diferencias entre unas y otras de las más de 100 novedades son muchas. Y eso, precisamente, ha permitido que sea más interesante que en ediciones pasadas.
Solo una novedad mundial, junto a cuatro europeas y 33 españolas, en un renovado salón barcelonés en el que, más que nunca, el público tiene posibilidades de comprobar en la práctica cómo son los nuevos coches. Faltaban algunos de los ‘grandes’, como Citroën, Chevrolet y Opel, pero los presentes han puesto todas sus armas para satisfacer a los visitantes.
No importan las crisis, ni situaciones como la de Libia, el de Ginebra sigue siendo el Salón con mayúsculas. Es el único que se celebra anualmente y en él se vuelcan los fabricantes para dar a conocer lo que se llevará en el año. En su 81 edición hay tantas novedades de todo tipo –ecológicos, deportivos, exclusivos...– que es fácil olvidarse de alguna. Un divertimento insustituible para la vista.
Tras dos ediciones con muy poco atractivo, la de este año se ha celebrado en un ambiente de optimismo por el crecimiento de ventas de Estados Unidos (un 11%). En Detroit se ha puesto de manifiesto que el automóvil es un producto global y que su electrificación, en sus diversas formas, representa el futuro a corto y medio plazo.