La prestigiosa marca británica, ahora propiedad del fabricante indio Tata ha abandonado con este modelo el clasicismo que caracterizaba al coche al que sustituye en la gama, el S-Type. Con él nace una nueva era en la que el diseño es uno de los apartados en los que se va a poner un acento más especial.
La llegada del motor 2.7D al Jaguar S-Type ejemplifica dónde sitúa Ford las pretensiones de este propulsor que, sin duda, va a engatusar a quienes pensaban que los motores diésel eran sinónimo de ruidos y vibraciones incluso entre los coches de representación.
Tras convertirse en el primer Jaguar diésel, al X-Type le ha correspondido revolucionar de nuevo la historia de la marca estrenando una versión familiar. La forma en que se han roto ambos tabúes y el resultado logrado hacen difícil entender por qué no ocurrió antes.
La decisión de Jaguar de montar, por primera vez en su historia, un propulsor de gasóleo apenas admite críticas y sí muchas alabanzas. Entre ellas, que respeta la filosofía del fabricante.