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Martes, 22 de mayo de 2012
Clasificado en Prueba de coche

SEAT ALTEA FR // 25.835 EUROS

MANUEL DOMÉNECH  | MADRID Actualizado Viernes 10-03-2006, 21:19 h.

Deportivo por encima de todo

Seat Altea FR
Seat Altea FR
Seat Altea FR
Seat Altea FR
Seat Altea FR
Salpicadero Seat Altea FR
Interior Seat Altea FR
Interior Seat Altea FR
Maletero Seat Altea FR
Maletero Seat Altea FR
Maletero Seat Altea FR
Era de esperar –tradición obliga– que Seat desarrollara una versión FR (Fórmula Racing) del Altea, pero no que lo hiciera tan pronto –menos de dos años desde la aparición del modelo– y quizás tampoco que lo equipara con un motor diésel. Sin embargo, tanto la rapidez –los clientes de Seat cada vez exigen coches de corte más deportivo– como la mecánica –las ventas de los FR diésel del antiguo León supusieron casi un 25% de las ventas totales del modelo– están plenamente justificadas.
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Carroceria
Mecanica
Conclusion
Seat ha conseguido que el concepto MSV (Multi Sport Vehicle, o monovolumen deportivo) acuñado para el Altea se justifique plenamente con el modelo Altea FR, que añade a las condiciones de habitabilidad de todo monovolumen compacto las cualidades de un auténtico deportivo. Tanto es así que en realidad podría ser considerado más como un turismo deportivo que como un monovolumen; concepto del que, para nosotros, el Altea nunca ha participado con plenitud. Una presentación específicamente deportiva, tanto en su exterior como en su interior, una mecánica brillantísima y una puesta a punto de chasis francamente dinámica, convierten a este vehículo difícil de encasillar en una herramienta para disfrutar de la conducción sin apenas concesiones para quienes se acomoden en su habitáculo.
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Presentación exterior e interior muy deportiva. Comportamiento dinámico insuperable para un coche de su formato. Excelente rendimiento del motor, tanto por prestaciones como por consumos. Habitáculo amplio y maletero capaz y versátil. Completo equipamiento de seguridad y de confort.
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Confort de marcha casi inexistente debido a unos reglajes de suspensión excesivamente duros que hacen que resulte muy seca. Precio con respecto a la versión 2.0 TDI 140 CV Sport-up. Visibilidad lateral deficiente.
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Motor

SituaciónDelantero transversal
Nº CilindrosCuatro cilindros en línea
Cilindrada (c.c.)1.968
Diámetro x carrera (mm.)81 x 95,5
Bloque/CulataFundición / aleación
Nº de válvulas por cilindroCuatro
DistribuciónDos árboles de levas en culata
AlimentaciónInyección directa diesel por bomba-inyector, con inyectores piezoeléctricos. Turbo de geometría variable con ‘intercooler’
Tipo de combustibleGasóleo
Refigeración/CompresiónLíquida / 18,5:1
Potencia (CV/rpm.)170 / 4.200
Par máximo (Nm/rpm.)350 / 1.800

Transmisión

TipoTracción en las ruedas delanteras
CambioManual de seis marchas
Relaciones de cambio
Km/h en 1ª a 1.000 rpm.8,4
Km/h en 2ª a 1.000 rpm.15,1
Km/h en 3ª a 1.000 rpm.23,8
Km/h en 4ª a 1.000 rpm.34,3
Km/h en 5ª a 1.000 rpm.44,1
Km/h en 6ª a 1.000 rpm.52,6

Bastidor

Suspensión delanteraIndependiente tipo McPherson con triángulo inferior
Estabilizadora
Suspensión traseraIndependiente multibrazo
DelanterosDiscos ventilados de 312 milímetros de diámetro
TraserosDiscos macizos de 286 milímetros de diámetro
AyudasABS con EBD y EBA, ESP, TCS, BSW y DSR
DirecciónDe cremallera, con asistencia electromecánica
Diámetro de giro (m.)10,4
Número de vueltas de volante2,9
Neumáticos225/45 R 17
Llantas7J x 17 pulgadas

Carroceria

Nº de plazasCinco
Peso en vacío (kilos)1.446
Depósito de combustible (litros)55
Largo (mm.)4.325
Ancho (mm.)1.768
Alto (mm.)1.568
Vía delantera (mm.)1.527
Vía trasera (mm.)1.508
Distancia entre ejes2.578
Capacidad del maletero (litros)409/510

Prestaciones

Velocidad máxima (km/h.)208
Aceleración de 0 a 100 Km/h. (seg.)8,7
400 metros salida parada (seg.)16,5
1.000 metros salida parada (seg.)31,2
Recuperación de 80 a 120 en 4ª (seg.)6,5
Recuperación de 80 a 120 en 5ª (seg.)7,7
Recuperación de 80 a 120 en 6ª (seg.)10,4
CONSUMOS
Urbano (litros/100 km)9,0
Extraurbano (litros/100 km)6,0
Mixto (litros/100 km)7,5
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El concepto de diseño del Seat Altea alcanza su mayor sentido en esta versión FR. Mantiene, como es lógico, el estilo general del Altea, pero se ha visto aderezado por una serie de elementos que hacen que resulte más llamativo, agresivo y atractivo, al tiempo que goza de un mayor dinamismo. Esto se ha conseguido con pocas modificaciones. Las más importantes atañen a los parachoques, de diseño específico, el delantero con una gran boca inferior para facilitar el paso del aire a la mecánica, en cuyos extremos toman su sitio los faros antiniebla.

En el lateral se aprecian las carcasas grises de los retrovisores (seña de identidad de todo FR) y las siglas TDI de color rojo para indicar que el motor del FR es tan especial como el coche. Las llantas de cinco estrechos radios que dejan a la vista los discos de frenos con sus pinzas llaman poderosamente la atención por su estilo. Detrás, además del nuevo parachoques, se aprecian un escape doble en el lado izquierdo y, sin llamar demasiado la atención, las siglas “FR” en la parte central derecha del portón.

El concepto “FR” se expresa igualmente bien en el habitáculo. Lo hace con detalles que, además, constituyen una evolución positiva de la calidad percibida. Así, el salpicadero recurre a zonas bicolores para resultar más alegre aunque sus formas se mantienen inalteradas. El cuadro de instrumentos tiene los grafismos de sus relojes montados sobre un fondo blanco, y está personalizado por las siglas “FR” en el central; el que incluye el cuentarrevoluciones. Esas siglas mágicas también lucen en otras zonas nuevas del modelo.

Lo hacen en el volante, de forma específica y tacto y tamaño excelentes. Está situado en la parte inferior del radio central, sobre una placa de tono metálico para que resalte más. De la misma manera se presentan en la parte superior del pomo de la palanca, cuya forma aporta sólo estilo, ya que su uso no resulta práctico al no amoldarse bien a la palma de la mano.

También decoran la parte superior delantera del respaldo de los asientos, que de por sí merecen un capítulo aparte. Son amplios pero recogen bien el cuerpo y lo sujetan fuertemente en las curvas, tienen unas banquetas de buena longitud y sus respaldos son altos. Son regulables en altura, lo que unido al reglaje en altura y en profundidad del volante redunda en una posición de conducción perfecta para un uso deportivo del coche.

El habitáculo mantiene, eso sí, las cualidades de amplitud y de flexibilidad del Altea, ya que incluso el asiento trasero se puede desplazar longitudinalmente hasta 140 milímetros, y esa deficiente visibilidad lateral que resulta molesta sobre todo cuando se tiene que superar un cruce de carreteras. En cuanto al maletero, que conserva el doble fondo tabicado y el compartimento superior situado bajo la tapa protectora, es más versátil debido a las nuevas posibilidades de desplazamiento y abatimiento del asiento trasero.

De su completo equipamiento de serie baste mencionar que la protección de los pasajeros está encomendada a ocho airbags, los habituales frontales y laterales delanteros y unos de cortina con capacidad para auxiliar a los pasajeros de las zonas delantera y trasera, y que su confort está asegurado por la existencia de un climatizador bizona de funcionamiento espléndido. El control de crucero, el ordenador de viaje y un equipo de sonido con lector de CD (el de MP3 es opcional) hacen más agradable viajar en el Altea FR. Por cierto, en contra de lo que es habitual, lleva rueda de repuesto de tamaño normal. La opcional es la de emergencia (o de “galleta”).
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El Altea FR puede presumir de ser el primer vehículo del Grupo Volkswagen en montar el motor 2.0 TDI de 170 caballos. ¡Y qué motor! Es una evolución del 2.0 TDi de 140 caballos, ya de por sí de una gran brillantez. Para obtener esos 30 caballos de potencia suplementarios se ha recurrido en el sistema de inyección directa por bomba-inyector a unos inyectores piezoeléctricos que facilitan la combustión, se ha modificado la geometría del turbocompresor y se retocado el sistema de admisión al dotarlo de unas mariposas que canalizan mejor el aire.

Estas modificaciones no sólo son responsables de que el motor sea más potente, sino de que su rendimiento se haya optimizado en todos los sentidos, incluso en lo que afecta al consumo y a las emisiones, que apenas han crecido. Esta impresionante mecánica, que nos atrevemos a calificar de exagerada sin que se pueda entender este calificativo como peyorativo, se ve perfectamente apoyada por un cambio manual de seis marchas (nada de DSG, aunque con él sería aún mejor el rendimiento del motor) con las tres primeras marchas de desarrollos cortos y las tres últimas más largos para preservar el consumo y, de paso, la sonoridad mecánica; que no nos ha parecido, en todo caso, demasiado evidente. Además, está equipado con filtro de partículas diésel sin necesidad de mantenimiento, lo que permite que las emisiones sean muy contenidas (167 gramos por kilómetro de CO2).

Suave y progresivo como pocos, dispone de un amplio margen de utilización desde las 1.800 revoluciones por minuto en las que el par da todo su valor hasta el régimen máximo, y manifiesta su potencia en toda la gama de revoluciones disponible sin necesidad de recurrir al cambio de marchas. De esta manera, su capacidad para efectuar adelantamientos en un mínimo espacio de tiempo está plenamente asegurada (ver ficha técnica), lo que supone un factor más de seguridad. Con un rendimiento así, no es de extrañar que sus valores de aceleración sean mucho más brillantes que los ya de por sí excelentes valores logrados por el motor de 140 caballos.
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En este capítulo tenemos que empezar por una crítica en atención a los posibles ocupantes del Altea FR. Si ya la puesta a punto del chasis del 2.0 TDI 140 CV primaba más la estabilidad que el confort, en el FR la situación es mucho peor; simplemente, no se tienen en cuenta, y eso es criticable. Pero, por otro lado, ¿quién es el usuario tipo del FR?, ¿el padre de familia al que le gusta conducir de forma muy deportiva? Creemos que no, para éste último basta el 2.0 TDI 140 CV Sport-up, y aún así su familia le echará en cara la falta de confort de marcha del coche.

El usuario del Altea FR, que también tiene la posibilidad de llevar consigo a su familia, es de otro tipo. Es el que aprecia el comportamiento y las prestaciones por encima de todo, es el que querría tener un auténtico coche de carreras y no puede. Y para eso, nada mejor que un Altea FR, siempre que respete las normas de tráfico, por supuesto. Porque el Altea FR es, como vulgarmente se dice, una “tabla”. El Chasis Ágil adquiere en él tintes de protagonista por su especial puesta a punto. Los muelles de la suspensión de han endurecido, las barras estabilizadoras son más gruesas y la altura de la carrocería con respecto al suelo se ha rebajado en siete milímetros. Si a esto le añadimos las ruedas de 17 pulgadas, muy anchas y con perfil muy bajo (45), el panorama está claro.

La suspensión permite que el coche se comporte de una forma netamente deportiva, con una velocidad de paso por curva muy elevada y con una estabilidad a prueba de bomba. Consecuencia, un casi nulo confort de marcha salvo que la carretera por la que circule sea completamente lisa; y eso en nuestro país es poco menos que imposible. En todo caso, donde más se aprecia el efecto de transmitir las irregularidades del terreno a los ocupantes del coche es en las juntas de dilatación; son un verdadero tormento.

Se preguntarán entonces porqué hemos calificado este capítulo con un notable. La explicación es muy sencilla. Se trata de un chasis especial para un coche muy especial que lleva a sus últimos extremos la denominación “FR”, lo mismo que sucede con su potentísimo motor. En un coche así la suspensión, aunque criticable analizada de forma teórica, en la práctica se justifica para poder trasladar al asfalto todo el potencial de la mecánica. Por otro lado, la dirección electromecánica es de una precisión extraordinaria, lo que hace que el coche se maneje con una facilidad proverbial. ¿Y los frenos?, son potentes, no cabe duda, y resistentes, pero en una conducción muy deportiva se les amontona el trabajo para detener con rapidez un coche con unas prestaciones tan extraordinarias. Pero no se asusten, su funcionamiento es notable y el tacto del pedal es perfecto, lo que genera seguridad.

Y por si fuera poco, los técnicos de Seat, conscientes de cómo es el Altea FR, lo han equipado con toda suerte de ayudas electrónicas a la conducción. Si traducimos las siglas que aparecen en la ficha técnica vemos que cuenta con el obligatorio ABS con distribución electrónica de frenada (EBD) y con un programa electrónico de estabilidad ESP que engloba las funciones de control de tracción (TCS), de asistencia a la frenada de emergencia (EBA), de aumento de la presión de la frenada (Overboost), de limpieza continua de los discos de freno (BSW) y de ayuda a mantener la trayectoria (DSR). Como pueden ver, todo está controlado en el Altea FR.
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Nos hubiera gustado darle cinco estrellas a la conclusión final de la prueba del Altea FR, pero no nos hemos atrevido en vista del exceso de sequedad de su suspensión y del elevado precio que hay que pagar por una ausencia casi total de confort de marcha. En ese sentido, el 2.0 TDI 140 CV Sport-up es una elección más racional. Pero el Altea FR es puro corazón, es un “FR” con mayúsculas capaz de dar plena satisfacción a los usuarios más deportivos. Y eso hay que valorarlo en justicia.

O sea, que no le damos la matrícula de honor, pero sí el sobresaliente, que justificamos por la presentación deportiva de su carrocería y de su habitáculo, por la amplitud, funcionalidad y flexibilidad de ese habitáculo, por la capacidad y versatilidad de su maletero, por su completísimo equipamiento de serie y, sobre todo, por su extraordinaria mecánica; capaz de las mejores prestaciones sin que ello tenga repercusiones negativas en el consumo de combustible. No cabe duda de que Seat sigue cumpliendo a rajatabla esas exigencias de desarrollar productos dotados de deportividad que el grupo de marcas Audi le exige. El Altea FR es la demostración clara de lo que son capaces de hacer los técnicos de Martorell.
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