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Martes, 22 de mayo de 2012
Clasificado en Prueba de coche

LAND ROVER FREELANDER 2.0 TD4 SPORT 5P // 30.500 €

Manuel Doménech  | Madrid Actualizado Martes 09-12-2003, 16:50 h.

Quiere ser como el Range

El vehículo más ligero de la marca británica, que nació en 1997, inicia ahora una nueva andadura en la que la elegancia, la calidad y el confort en carretera son las nuevas premisas que se unen a sus características habituales. De esta forma logra parecerse cada vez más al Range Rover.
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Carroceria
Mecanica
Conclusion
No conviene equivocarse con el Freelander al intentar inscribirle en los tópicos actuales de moda, en definiciones tan poco concretas como SUV (todoterreno ligero, recreacional o de ocio) o todocamino (todoterreno más recreacional). El nuevo Freelander, a pesar de tener un aspecto más elegante que el anterior es un todoterreno de verdad –se trata de un Land Rover, y eso imprime carácter– que ahora, además, se adapta mucho mejor a una utilización por carretera.
En este sentido, el modelo probado, denominado Sport, se ha concebido para ser más prestacional sobre el asfalto que en campo. No obstante, ha demostrado ser capaz de cumplir con creces en los ambientes.
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Cualidades dinámicas en carretera y fuera de ella debido a un chasis perfectamente puesto a punto. Estética muy mejorada. Consumos. Precio ajustado y garantía de tres años.
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Mecánica de prestaciones bastante limitadas. Rueda
de repuesto demasiado expuesta. Ciertas lagunas de equipamiento como los airbags laterales, por ejemplo.
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Motor

SituaciónDelantero transversal
Nº CilindrosCuatro cilindros en línea
Cilindrada (c.c.)1.951 centímetros cúbicos
Distribución16 válvulas. Doble árbol de levas en culata
AlimentaciónInyección directa diésel por conducto común y turbo
Potencia (CV/rpm.)112 caballos a 4.000 revoluciones por minuto
Par máximo (Nm/rpm.)260 Nm a 1.750 rpm.

Transmisión

TipoTracción permanente a las cuatro ruedas
CambioManual de cinco marchas

Bastidor

Suspensión delanteraIndependiente
Suspensión traseraIndependiente
Frenos
DelanterosDiscos ventilados
TraserosTambores
DirecciónDe piñón y cremallera, asistida
Diámetro de giro (m.)11,6 metros
Número de vueltas de volante3,2 vueltas de volante
Neumáticos235/50 HR 18 M+S
Llantas7J x 18

Carroceria

Peso en vacío (kilos)1.555 kilogramos
Depósito de combustible (litros)59 litros

Prestaciones

Velocidad máxima (km/h.)164 kilómetros por hora
Aceleración de 0 a 100 Km/h.14,5 segundos
400 metros salida parada20,4 segundos
1.000 metros salida parada36,8 segundos
Recuperación de 80 a 120 en 4ª (km/h.)11,5 segundos
Recuperación de 80 a 120 en 5ª (km/h.)14,5 segundos
CONSUMOS
Urbano (litros/100 km/h.)9,2 litros / 100 kms.
Extraurbano (litros/100 km/h.)6,2 litros / 100 kms
Mixto (litros/100 km/h.)7,7 litros / 100 kms
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No cabe duda de que, a la hora de redibujar la carrocería del Freelander se ha tomado como modelo el Range Rover por un doble motivo. Por un lado para buscar un mejor nexo de unión entre todos los productos de la marca –cuando salga el nuevo Discovery se pondrá más en evidencia ese deseo de Land Rover–. Por otro, para que el coche aparezca ante los ojos del potencial comprador como un vehículo más moderno y elegante, más homologable al estilo que ahora proponen sus principales rivales en el mercado.
En este sentido, el Freelander adopta unos faros de diseño parecido a los del Range Rover, que además le aportan una mayor cantidad de luz, una calandra prominente y robusta y unos paragolpes más envolventes y voluminosos.
Si las formas generales de la carrocería se mantienen, cambian ciertos detalles que en la anterior se habían demostrado inconvenientes. Así, en la parte trasera, se han reposionado los elementos de los grupos ópticos que se ubicaban en la parte baja del paragolpes sin apenas protección. Ahora se sitúan en su parte alta y en las esquinas, bien encastrados en la chapa de la carrocería. Por cierto, hablando de protección, la rueda de repuesto está muy expuesta.
Otra concesión a su acercamiento al Range Rover se comprueba en el habitáculo, que no sólo respira un ambiente más elegante por el acertado rediseño del salpicadero, sino que se ha convertido en más cómodo y habitable, lo que se agradece cuando se viaja por carretera. Han evolucionado los asientos, por forma, tapizado y amplitud, los diversos mandos e interruptores son más fáciles de accionar y el equipamiento (aún con ciertas lagunas como la inexistencia de airbags laterales) también ha mejorado de forma considerable.
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El motor del nuevo Freelander es un viejo conocido, el TD4 de 112 caballos, que, en esta ocasión, está asociado a un cambio manual de cinco marchas. Es una mecánica que, sin ser brillante, cumple bien con su cometido. Y todo lo que no consigue en prestaciones, a pesar de tener un buen valor de par, lo logra en consumo, que nos ha parecido muy satisfactorio.
A pesar de que el Freelander es un todoterreno compacto y con un peso muy elevado, el TD4 no consigue que sobre asfalto alcance unas prestaciones relevantes, ni en velocidad, ni en aceleración, ni, lo que es más importante en recuperaciones, que se nos antojan algo lentas.
Eso sí, hay que agradecer que sea un propulsor con las vibraciones muy atemperadas y con un nivel sonoro más que aceptable, lo que en un todoterreno es una ventaja considerable.
Por último, conviene comentar el ajustado precio de esta versión del Freelander, que se vende, además, con una garantía de tres años sin límite de kilometraje y con tres años de asistencia en carretera.
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La versión probada, denominada Sport, tiene una definición de chasis muy de carretera: suspensión deportiva, distancia con respecto al suelo rebajada en tres centímetros y ruedas de 18 pulgadas con neumáticos de perfil 50. Esto se pone de manfiesto nada más ponerlo en marcha. Tiene un aplomo distinto, una estabilidad en curva muy superior y no se observa el menor balanceo de la carrocería. Esto redunda en un confort de marcha francamente interesante.
Sin embargo, esto no significa que su comportamiento en campo se haya resentido. Como buen Land Rover hace buen papel prácticamente en todas las situaciones. Su transmisión permanente a las cuatro ruedas con acoplamiento viscoso se muestra muy eficaz, y bien complementado por el control electrónico de tracción permite superar cualquier obstáculo, incluido el barro... y eso con las ruedas M+S de serie. Toda una garantía. La dirección también ayuda, lo mismo que los frenos, y no hay que olvidar que el control de descenso supone un seguro adicional.
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Land Rover ha conseguido lo que se había propuesto con esta generación del Freelander, que hay que recordar que se trata de un modelo de transición. Se acerca mucho al Range Rover por estética, por tratamiento del habitáculo, por rendimiento sobre asfalto y por confort de marcha. Pero no pierde ninguna de sus cualidades en campo, lo cual hay que agradecer. Sólo se echa en falta una mayor fuerza en su económica mecánica
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