Haber utilizado el nombre de Delta en este nuevo Delta cae un poco en la impostura. Lancia ha realizado un gran esfuerzo en reconvertir el deportivo estilo Lancia en otra cosa, pero la verdad es que a mucha gente todavía hablar de Delta le suena a hablar de rallyes y, en esta ocasión, habría que hablar de estilo, elegancia y moda.
Equilibrada. La combinación que supone esta versión no puede definirse de otra manera. Motor, carrocería, comportamiento, comodidad, capacidad son algunos de los aspectos de este coche que están resueltos de maravilla, pero si queremos hacer énfasis en los que más llaman la atención nos quedamos con dos: motor y amplitud.
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El confort de marcha de marcha en carretera es sobresaliente. El motor, suave y silencioso, tiene un rendimiento delicioso y, además, es ahorrador: es casi imposible que supere los 7,5 litros.
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La agilidad en carreteras viradas no acaba de convencer del todo al mostrar una tendencia a irse de morro. La posición de conducción es uno de los detalles que menos nos ha gustado por culpa de cómo es el mullido de los asientos.
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El Lancia Delta actual es un compacto, pero bastante grande, su longitud (4.520 milímetros) y su distancia entre ejes (nada menos que 2.700 milímetros) consiguen que, en este caso, maletero y plazas traseras, sean un prodigio de amplitud. El hecho de poder deslizar la banqueta trasera en 16 centímetros hace que el maletero pase de los 380 a los 465 litros de capacidad en un santiamén. Por otra parte la distancia para las piernas de los ocupantes de las plazas traseras es excelente.
Las plazas delanteras tiene un diseño muy cuidado, moderno a la vez que elegante. El cuadro de relojes y la consola central con los mandos de climatizador y radio tienen por el contrario unos leds que desentonan con la modernidad de este tipo de instrumentos.
Los asientos tienen un mullido “diferente” a lo que se suele usar en la mayoría de las marcas, el mullido es duro, hay que acostumbrarse, pero una vez habituados notamos que es una combinación de dureza y comodidad muy bien conseguida. Eso sí no son un prodigio de agarre lateral. Acabados y materiales pasan el examen con notable y la ubicación de instrumentos y relojes es buena.
La posición de conducción, si bien el espacio es sobresaliente, no llega a cogerse nunca y eso es debido a que el mullido excesivamente duro de los asientos tiende a expulsarte por lo que en vez de usar el volante para dirigir el coche además hay que ir agarrado a él, con la carga excesiva que esto supone para los hombros.
Uno de sus puntos fuertes es la estética, pero hay que hacer alguna salvedad. Si bien el frontal del coche es uno de los ejercicios de diseño mejor elaborado de los últimos años, no ocurre lo mismo con la zaga. Aunque sobre gustos hay muchas opiniones casi todo el mundo al que se le pregunta coincide en que, comparado el morro con la parte trasera, sobre el primero no hay dudas: impactante. Sobre el segundo se arrojan calificativos dispares: elegante, rococó, feo… pero si alguien coincide en que el coche gusta es el sexo femenino y si esto es así Lancia ha conseguido engatusar a quienes tienen mucho que decir a la hora de comprar coche. Pero, por favor, debería estar prohibido tomar el nombre de Delta en vano.
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Suave, silencioso, pero reactivo y a la vez ahorrador. Este mil cuatrocientos turboalimentado es una delicia. Consume poco, anda bastante, y a pesar de su poca cilindrada no es nada áspero cuando subimos de vueltas, algo, que por cierto, hace con una agilidad pasmosa. Tal vez cuando estamos delante del Delta y nos cuentan que es un motor de 1,4 litros el que lo mueve nos pueda parecer que esa motorización se queda corta, pero nada más lejos de la realidad.
Otra de las facetas que ya hemos mencionado es la del ahorro, pero hay que hacer hincapié en ella, por mucho que estiremos de la fuerza de este propulsor, difícilmente logramos que supere los 7,5 litros a los 100 kilómetros.
Bien la caja de cambios, de seis velocidades, perfectamente puesta a punto para sacarle todas sus buenas cualidades al propulsor, pero en el estilo del coche sería más conveniente un cambio automático, cada vez más de moda entre el público concreto de este tipo de coches.
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Confortable, de fácil conducción, ágil con salvedades, este Lancia se conjura con su forma para proteger su función, y ésta está claramente ubicada en una serie de público que quiere un coche vistoso y personal, confortable y honrado en viajes largos y además ahorrador.
Cuando hablamos de que es ágil, pero con salvedades, nos referimos a que la combinación de dirección, demasiado asistida y la amortiguación demasiado confortable dan como resultado un alto grado de subviraje, pero esto sólo ocurre cuando exigimos demasiado al acelerador en carreteras muy viradas y entramos fuerte en una curva cerrada. Este Delta no es un coche para este tipo de uso. Los frenos no tiene ningún pero, soportan bien los casi 1.400 kilos del coche y no sufren demasiado cansancio si le exigimos demasiado, están a la altura de un cambio automático sin pestañear, algo mejorable es el tacto del pedal, algo esponjoso arriba (una concesión a los tacones).
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El nuevo estilo de la marca italiana es un compendio de diseño, elegancia y buen hacer. Olvidadas quedan otras etapas en las que Lancia era sinónimo de deportividad, pero en homenaje a esos tiempos los responsables de marketing deberían haber honrado un apellido como es Delta y haber denominado este modelo con un nombre sin connotaciones porque de esa manera se evitan comparaciones.
Nacer Delta con el actual envoltorio es su único pecado porque por lo demás estamos ante un coche noble, bien hecho, capaz, ahorrador en esta versión y sobre todo muy personal y con una relación de precio y equipamiento muy buena.
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