Inventar un segmento no es algo de lo que puedan presumir muchos fabricantes. El 17 de junio se cumplen 40 años del nacimiento del primer Range Rover. Hoy está en su tercera generación, que cuenta con dos modelos. A finales de 2010 habrá un tercer modelo, mucho más compacto, que se convertirá en el abanderado ecológico de la marca.
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Las grandes ideas no se forjan muchas veces por hechos aislados. Son el resultado de numerosas piezas que poco a poco se van encajando. En el caso del Range Rover, se dieron algunas importantes circunstancias que permitieron llegar a plantearse lo que a la postre sería una nueva categoría y un enorme éxito comercial, copiado por casi todos los constructores.
De un lado, y con la intención de aumentar las ventas de Rover en los Estados Unidos, analizaron el mercado y se dieron cuenta de que existía un segmento en alza en ese país que reclamaba vehículos de tracción total para el ocio. En el Viejo Continente este segmento era inexistente, solo proliferaban vehículos de corte industrial desarrollados para el duro trabajo. Land Rover era precisamente una empresa centrada en ofrecer vehículos de estas características, eficaces en las duras condiciones del tráfico en campo, pero incómodos, espartanos, pesados y muy lentos cuando circulaban por carretera.
Esta fue la primera idea del proyecto. Ofrecer un vehículo de lujo, como eran los Rover de aquel momento, equipados con tracción integral, con buenas dotes para circular por carretera y un elevado confort de marcha, pero sin renunciar a la posibilidad de circular con todas las garantías fuera del asfalto. Sin embargo, por curiosidades del destino, un coche que se desarrolló con la idea puesta en el mercado de Norteamérica, cosechó tal éxito en Europa, que no fue hasta 17 años después cuando las primeras unidades del Range Rover circularon por las carreteras de Estados Unidos.
Un vehículo muy versátil
El desarrollo del primer Range Rover se inició en 1966. Todo se proyectó siguiendo la misma línea de diseño. Lujo no exagerado pero a años luz de lo que se conocía, y un confort de primer nivel, completaban las ya conocidas características de los 4x4. Se consiguió de esta forma una combinación rompedora. Un enorme motor V8 de origen General Motors fue el primero en ser utilizado en el Range Rover Classic, que finalmente se presentó el 17 de junio de 1970 con el slogan de ser el automóvil más versátil del mundo. Como les gustaba decir a sus responsables: el Range Rover era la fusión entre la comodidad de un Rover con la fuerza de un Land Rover y la tracción a las cuatro ruedas. Había nacido el primer todoterreno de lujo.
Nació como un dos puertas y sólo con caja de cambios manual de cuatro velocidades. Necesitó que pasaran 10 años para que la carrocería recibiera otras dos puertas laterales y que se pudiera elegir opcionalmente una rudimentaria caja de cambios automática de origen Chrysler. Durante sus primeros 25 años experimentó pocos cambios, aunque ya se hicieron versiones de batalla alargada. El motor inicial, un V8 de aluminio de 156 CV y 3,5 litros de cilindrada acoplado a una tracción total permanente, proporcionaba un nivel de prestaciones de todo punto impensable en un vehículo de su aspecto. Bastante culpa la tuvo la carrocería de aluminio que reducía peso y limitaba la corrosión.
Llega el diésel
Ese motor evolucionó con los tiempos. En 1989 pasó a tener 3,9 litros de cilindrada, y 4,2 en 1992 adoptando cambios ZF automáticos de cuatro velocidades en lugar de la caja cedida por Chrysler con sólo tres machas hacia delante. Uno de los hitos más importantes para el Range Rover CLassic fue sin duda la incorporación de un motor diésel. Se inició con el denominado proyecto Iceberg, que tuvo que renunciar a ver la luz en 1980 debido a un incremento difícilmente asumible de costes de desarrollo.
En su lugar, y lo mismo que Rover, se apeló al motorista italiano VM, que suministró en 1986 una versión de su motor modular con culatas independientes para cada cilindro con 2,4 litros de capacidad que, aunque no batió ningún récord de prestaciones ni fiabilidad, jugó con la ventaja de sus menores consumos.
Otro de los hitos que marcó el Range Rover Classic fue su decidida intención de ser un vehículo de lujo que se consolidó mediante la utilización de una innovadora suspensión neumática. Se convirtió en el primer modelo 4x4 en incorporarla, y ofrecía hasta cinco posibles alturas para mejorar su comportamiento en carretera y permitirle superar los mayores obstáculos en campo. En 1992 la suspensión empleó una gestión electrónica automática. Incluso aportó en 1989 a los TT la posibilidad de montar frenos ABS y ya en el 92 utilizó el primer control de tracción ajustado a un funcionamiento fuera del asfalto. Hasta pudo presumir de ser el primer TT que utilizó cuatro frenos de disco.
La historia de la primera generación ha sido la crónica de una pura innovación y de un éxito tras otro. Numerosas versiones especiales la adornaron. Ha sido el coche oficial de la Casa Real británica, se han hecho versiones blindadas, hasta el Papamóvil que sirvió al Pontífice Juan Pablo II en su viaje al Reino Unido en 1.982 se realizo sobre un Range Rover con la zona posterior sobreelevada y blindada. Se dejó de fabricar en 1.996 después de haberse producido un total de 317.615 ejemplares.
Un modelo poco duradero
En 1994 nace la segunda generación. Bajo la denominación P38a, se incorporaron elementos de diseño tanto estéticos como tecnológicos que fueron evoluciones realizadas sobre la incombustible base del Classic. Mejoraron sus cualidades ruteras, su eficacia en campo y sobre todo el lujo embarcado. La suspensión neumática, todavía exclusiva, se perfeccionó y la gama de motores incluyó un ya defendible motor turbodiésel de 2,5 litros de origen BMW. Se mantuvieron dos versiones del ligero V8 de la marca con 3,9 y 4,6 litros. Sin embargo, y debido también a sus avatares como compañía, que no vivía precisamente una etapa muy tranquila con adquisiciones y ventas de acciones a diversos grupos automovilísticos, este modelo pasó un poco sin pena ni gloria.
A los seis años justos de su lanzamiento fue sustituido por el nuevo Range Rover, que responde a la denominación industrial L322 y que ha representado con rotundidad un cambio drástico y un avance inapelable para hacer frente a la panoplia de rivales que poco a poco fueron llenando huecos en su mercado.
El L322, tal y como afirman en la marca, ha sido un diseño más puro si lo comparamos con su antecesor. Creció en todos los sentidos y, sobre todo, incorporó elementos de ingeniería innovadores, pero manteniendo ciertas señas de identidad como algunas de las formas de estampación de la carrocería y ,sobre todo, el empleo masivo del aluminio para construirla. Los motores diésel son de última generación, los de gasolina han mejorado su rendimiento gracias a sofisticados sistemas de control electrónico, mientras que el interior ha sido tratado como si fuera una enorme berlina de representación a todos los niveles.
A pesar de la competencia, firmada por casi todas las marcas, Premium incluidas, el Range Rover, ahora declinado en dos versiones y próximamente en tres, ha sabido mantener con toda la dignidad el tipo y continúa siendo un icono dentro de su segmento. Ya ha cumplido sus primeros 40 años y por lo que se ve, disfruta de una envidiable salud.