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Jueves, 28 de agosto de 2014
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LOS CASCOS DE LA FORMULA 1

Pablo Dïaz  | Madrid Actualizado Miércoles 09-07-2003, 19:44 h.

Seguros y tecnológicos

El casco de Michael Schumacher
Gráfico de la indumentaria de un piloto de Fórmula 1
El Head-Up Display del casco de Ralf Schumacher le ofrece información sobre la carrera
Los cascos de Renault y sus respectivos HANS
De una simple chichonera de cuero a una coraza impenetrable hecha con materiales ligeros y resistentes. Es la evolución de los cascos de Fórmula 1.
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LA INDUMENTARIA DE LOS PILOTOS
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En los inicios de la Fórmula 1, lo más parecido a los cascos de ahora eran unas simples chichoneras cuyo cometido, más que proteger la cabeza en caso de accidente, consistía en preservar al piloto de la lluvia o el viento.

La evolución de las medidas de seguridad han provocado que hoy éstos deban reunir tres cualidades difíciles de combinar: ligereza, resistencia y aerodinámica. Respecto al primer requisito, su peso ronda los 1,5 kilogramos, para lo cual se utilizan en su fabricación fibras sintéticas livianas. Éstas, además, deben cumplir con la segunda premisa, que es la resistencia. Para corroborarlo, es necesario que los cascos pasen unas exigentes pruebas (véase gráfico).

Una de ellas consiste en disparar unos pequeños proyectiles sobre el visor del casco a una velocidad de 500 kilómetros por hora. La profundidad del impacto sobre el plástico no debe superar los 2,5 milímetros.

En cuanto a la aerodinámica, su curvatura debe encajar a la perfección con el diseño del monoplaza y no debe convertirse en un elemento que oponga excesiva resistencia al aire. Así, por ejemplo, las partes salientes del casco no deben superar los dos milímetros.

Pero además de las características imprescindibles, los cascos de hoy en día van aumentando en funciones útiles. Por ejemplo, incluyen un conducto para que los pilotos puedan beber agua. y un micrófono y un audífono para comunicarse con el box del equipo –utilidades activadas a través de botones en el volante–.

El visor del casco, además, contiene varias tiras de plástico superpuestas que se pueden desprender en caso de suciedad, herramienta de gran utilidad, aunque a veces este sistema ha jugado malas pasadas.

Le ocurrió a Fernando Alonso en el accidentado y lluvioso Gran Premio de Brasil, cuando al querer arrancar una tira se llevó consigo todas, por lo que tuvo que pilotar la mayoría de la carrera con la zona de visibilidad llena de gotas de agua y de la suciedad pertinente.

A partir de 2003, al casco se le ha unido un compañero inseparable, el HANS(Head and Neck Support) que permite principalmente sujetar los bruscos movimientos que el cuello y la columna vertebral sufren en las deceleraciones (ver EPM número 2). Pero los avances no han parado y el futuro apunta a nuevas incorporaciones.

Una de ellas puede ser la que el año pasado BMW presentó para el casco de Ralf Schumacher, consistente en una pequeña pantalla que aparece en el visor del casco y sirve de ventana informativa para el piloto. Situada en el área periférica de uno de sus ojos –por lo que impide que el piloto se despiste o pierda de vista el trazado– el Head-Up Display, como así se llama, proyecta informaciones sobre la carrera (diferencias con el resto, posición en carrera, etcétera) u órdenes de equipo (pasar por boxes, incrementar o disminuir la mezcla de gasolina, etcétera) para hacer la vida a 300 kilómetros por hora algo más sencilla.

Otro de los campos donde se trabaja es en la insonorización. En carrera, los pilotos aguantan continuamente ruidos de 114 decibelios y se busca la manera de reducir esta molestia hasta los 98, un nivel parecido a la música de una discoteca.

Dejando de lado utilidades deportivas, el casco es el única parte de la fisonomía del piloto que un telespectador visualiza en carrera. Por tanto, son –además de un panel publicitario muy interesante para los anunciantes– un elemento identificador imprescindible con respecto a su compañero de equipo.

Algunos pilotos diseñan el dibujo de sus cascos, otros los dejan en manos de sus amigos o incluso organizan, como Juan Pablo Montoya, concursos entre los niños de su país para elegir el diseño. El último caso curioso es el de Jarno Trulli, quien, supersticioso él, decidió cambiar el dibujo de su casco en el último Gran Premio de Francia buscando la fortuna que le ha esquivado en la primera mitad de la temporada. Si sigue con su manía veremos un nuevo dibujo en su cabeza en Silverstone, ya que en Magny-Cours ni su casco pudo evitar que no terminase, una vez más, la carrera.