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Martes, 30 de septiembre de 2014
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HARLEY DAVIDSON

Marcelo Carbone  | Madrid Actualizado Viernes 29-08-2003, 11:39 h.

Más que una marca, una leyenda

Harley Davidson VRSCA V-Road (2002).
Harley Davidson FLT (1980).
Harley Davidson Sportster (1957).
Harley Davidson FLSTF Fat Boy (1990)
Harley Davidson Heritage Softail (1980)
Ser "fan"· de Harley no sólo consiste en tener una moto. La estética también los une.
Soldados en la Primera Guerra Mundial.
Entrada del soldado americano Roy Holltz en Alemania.
Harley Davidson entra en la competición de superbikes en 1994, con la VR1000.
La primitiva fábrica.
Desde el principio, las Harley dominaron las competiciones en EEUU.
En 1937, Joe Petrali logró el récord mundial de velocidad, con 136 kilómetros por hora.
Harley Davidson Sportster (1957).
Walter Davidson, con uno de sus modelos.
El Tooper, de 1960, es el único scooter fabricado por Harley.
La primera Harley, de 1903.
Que una empresa cumpla 100 años ya ha empezado a ser algo habitual entre los fabricantes de automóviles o motocicletas. Sin embargo, en el caso de Harley Davidson no podemos hablar sólamente de una marca más. El mito Harley se ha ido forjando a base de exclusividad, transgresión y rebeldía antisocial. El resto lo puso el asfalto...
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Celebrar centenarios empieza a ser práctica habitual; todo ha tenido un primer día, y lo de “hace 100 años que...” es un titular acostumbrado de nuestro tiempo. Pero todos los centenarios no son iguales... En el de Harley-Davidson, hablamos del centenario de una leyenda y de mucho más que una compañía que haya marcado una época. Entre otras cosas, porque las Harley han estado siempre de moda.

No es aventurado afirmar que los pioneros que pusieron en marcha esta marca no tenían esa intención, ni tampoco la de transformar lo que era un negocio, aunque vanguardista, en una forma de vida a lomos de una motocicleta.

Partiendo de una bicicleta, y sin restar mérito a los visionarios que la crearon, fueron muchas las circunstancias que han hecho de Harley-Davidson algo más que una marca de motocicletas. Poco a poco, sus modelos se fueron convirtiendo en icono de inconformistas que comenzaban a rebelarse ante una sociedad cada día más estructurada, más previsible y con menos margen para la creatividad personal.

Libertad y aventura, unidas a una obsesión por el individualismo, encontraron en motocicletas como las Harley-Davidson una herramienta para ponerse el mundo por montera, cambiar de vida y convertir los caminos en escaparates recorridos sobre una burra singular.

Las Harley nacieron con un único objetivo: correr. Y como no podía ser de otra forma, la idea nació de la mente inquieta de unos jóvenes: William Harley, de 21 años, y Arthur Davidson, de 20. También se unió a ellos, un poco más tarde, un hermano de Arthur, Walter, mientras que cuatro años después, en 1907, era otro hermano, William Davidson quien se sumaba a la aventura, dejando para ello un provechoso empleo en el ferrocarril local, la Milwaukee Road Railroad.

Pero que nadie se lleve a engaño por la “cantidad” de socios: la primera fábrica no fue otra cosa que un galpón de madera, eso sí, con un impecable letrero: “Harley-Davison Motor Company”. No puede decirse que los chicos no fuesen ambiciosos.

En una sociedad abierta a innovaciones, receptiva a estos locos y sus cacharros, el primer poseedor de una Harley-Davisdon no podía ser otro que un compañero de fatigas. El osado se llamaba Henry Meyer, y era un antiguo compañero del patio de la escuela de William Harley y Arthur Davidson.

A partir de esta venta, todo empezó a acelerarse. Antes de dos años, apareció el primer distribuidor, C. H. Lang, de Chicago, que fue quien vendió la primera Harley de forma oficial. La anterior, la comprada por Henry Meyer, no hizo otra cosa que estimular a los viejos compinches para que insistiesen en un proyecto que, en aquella época, no parecía tener muchas luces.

Los acontecimientos se sucedieron con rapidez, y en 1908 los Harley-Davidson habían vendido la primera motocicleta a la policía, cliente que a través del tiempo y en todo el mundo, ha colaborado, y tanto, a engrandecer la leyenda. La primera motocicleta vendida a la policía fue para la de la ciudad de Detroit.

Un año más tarde, transcurridos seis desde la fundación de la empresa, nacía uno de los mayores iconos de la casa: el primer motor V-Twin. Tenía 49,5 centímetros cúbicos, ofrecía una potencia de apenas siete caballos, y su configuración era de dos cilindros a 45º.

El gran salto geográfico
En apenas 10 años, el ritmo de innovación, producción y venta de la “Harley-Davidson Motor Company” era ya imparable. Sucesivos cambios de localización de la fábrica fueron dejando al galpón de madera inicial como parte de la historia, y el ritmo de crecimiento, en metros de la fábrica y en número de empleados, era espectacular.

Antes de que hubieran transcurrido una década años desde su fundación, y por increíble que pueda parecer, el primer mercado al que se exportó una Harley-Davidson fue...¡Japón! Corría 1912, y la aventura japonesa fue sólo el comienzo de una imparable carrera de ventas a nivel internacional.

La leyenda empezaba a tomar forma, y la creación en el año 1913 del departamento de carreras significaba otro paso adelante en lo que empezó siendo casi un juego y se estaba convirtiendo en uno de los negocios más importantes de su época.

La visión de los Harley-Davidson iba más allá de la innovación tecnológica y estética; a medida que las instalaciones de su fábrica aumentaban, su excepcional espíritu empresarial las permitía ver mercados potenciales que otros no eran capaces de vislumbrar. El de la policía era un buen ejemplo de ello; pero no se pararon ahí. El siguiente objetivo no civil no podía ser otro que el Ejército norteamericano. Así, en 1917, ¡la tercera parte! de su producción fue vendida al Ejército, inmerso en la I Guerra Mundial.

Escuela y leyenda
Al mismo ritmo que aumentaban los clientes, en la compañía crecía la necesidad de formar a especialistas que atendiesen los problemas que pudieran surgir en las motocicletas vendidas. Básicamente, por la importante cantidad de ellas que estaban en poder del ejército americano.

Así, se decide crear una escuela de la que saldrían mecánicos capaces de tratarlas como lo que eran: unas joyas. Se llamó “Quartermasters School”, y años más tarde se convirtió en el “Service School”.

Pero lo que el Ejército americano ha significado para Harley-Davidson es algo que no todos conocen, y de lo que muchos se sorprenderán. Al finalizar la I Guerra Mundial, se estimó que los militares estadounidenses habían utilizado en la contienda unas 20.000 motocicletas. La gran mayoría de ellas era Harley-Davidson. Parte de la leyenda empezaba a escribirse por cuestiones que en aquellos momentos podían pasar desapercibidas, pero no para los historiadores. Un día después de firmarse el Armisticio entre el ejército aliado y el alemán, Roy Holtz, el primer americano que entró en la derrotada Alemania, lo hizo conduciendo una... ¡Harley-Davidson!

Pero la relación entre Harley-Davidson y el ejército norteamericano no iba a finalizar ahí. En la II Guerra Mundial, y a partir de 1941, la producción de motocicletas para uso civil fue totalmente cancelada, decisión que se mantuvo hasta 1945. Durante esos cuatro años, la compañía fabricó 90.000 unidades para uso militar, destacando entre ellas una diseñada para combatir el desierto, la XA 750.

Décadas prodigiosas
La leyenda se engrandece, convirtiéndose en un fenómeno sociológico. Repasar siglas, logos, motorizaciones y los diferentes hitos y éxitos de estas últimas década exigiría más que un reportaje, todo un libro.

Hoy las Harley-Davidson son objeto de deseo en todo el mundo, y algunos ilustres propietarios las han convertido en icono de cosas tan diferentes como la modernidad, el lujo, el glamour o la rebeldía.

Elvis Presley se hizo con una allá por 1956, y su figura, ya de por sí un icono, sirvió como imagen de una marca que, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, empezó a convertirse también en una causa.

Si algo faltaba para completar la penetración de esa causa, la película Easy Rider –a finales de la década de los 60–, nos regaló las aventuras de dos malditos, Peter Fonda y Denis Hooper, quienes nos enseñaron a ver el mundo a lomos de una burra. Eso sí, no era una burra cualquiera. Montaban, como no, a lomos de una Harley-Davidson.